Octubre 4, 1991. Nueva Vizcaya, a las afueras del Cerco
Un puñado de hijos de la noche se reunen, al amparo de la Mascarada. Se envuelven en un suave juego, el rumor casi imperceptible de la tela susurrando sobre sus pieles, sus pasiones inflamadas ahora y atenuadas despues. Bailan, bailan interminablemente. Bailan movidos siempre por el Hambre.
Amanda Carmín es su anfitrion esta noche. Amanda, la altruista, la debil. Con miras filantropicas, ha solicitado la cooperacion de Esperanza Villaseñor, la implacable empresaria, y Antonio Mijares, el tenaz abogado. Pero, esta escrito, entre los hijos oscuros de la noche no puede haber una paz prolongada: dos Vastagos, Tania Marrufo y Elias de la Torre, ambos del clan Tremere, hacen inesperada aparicion. Mijares pone sobre advertencia a los demas, pues de los recien llegados, Marrufo es cercana a las Arpias de la ciudad. Precaucion, y silencio. El baile entre los monstruos prosigue.
Tania corre hacia el, atraida como una polilla al fuego. Ganiar, el recien llegado, un ave de presa contemplando el campo que sabe es suyo. Amanda palidece, porque del volatil humor de este hombre depende ahora no solo su ambicioso proyecto, si no su posicion en el oscuro mundo inmortal. Como el halcon, Ganiar se acerca a su anfitriona, a la que hiere sutil pero cruelmente. No le ofrece sus respetos, una clara afrenta a la Segunda Tradicion, si no que se presenta ante el licenciado Mijares. Y en instantes, mostrando fingida civilitud, Ganiar nuevamente ataca a la sorprendida anfitriona. Sus palabras son como navajas. La presencia de un Caitiff, el nuevo protegido de Amanda, el hijo mayor de los Selever.
Media noche, la caida de la gracia. Rico Arellano, el petulante inversionista regiomontano, hace tambien presencia en la reunion. Completamente aniquilada, Amanda se deja ir, victima una vez mas de las circunstancias. Y para las Arpias, no hay nada mas que ver en ese lugar. Las consecuencias, las terribles consecuencias, seran marcadas a fuego en la piel de unos cuantos.
Sin embargo, todo forma parte del juego de los Cainitas. Esta es una noche que pasaria desapercibida en otras circunstancias. Pero un Gangrel, el detective a sueldo conocido simplemente como Ralph, el mas extraño personaje en esa reunion, se presenta ante Rico para entregarle un presente. Dentro de una fina caja de madera negra, una escultura de zircon y platino, en forma de luna creciente, montada sobre una base del mismo material, con grabados en caracteres arabigos y abrazando una unica flor blanca, una espiga fresca, nueva, perfecta.
Rico no comprende. En realidad nadie lo comprende, ni siquiera el mensajero, a quien a fin de cuentas le depara una experiencia que sera fatal.
Las piezas se han colocado en su lugar, y mientras Rico disfruta sin medida de su condicion como Condenado, una llama se enciende en un altar de muertos lejano.
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