Octubre 5 y 6, 1991. Principado de la Nueva Vizcaya
"...somos, despues de todo, una sociedad eminentemente canibal. La vieja maldicion que en nombre de Dios nos fue lanzada, de acuerdo a las sagradas escrituras, nunca ha sido mas fuerte que en estas, las ultimas noches. Estamos destinados por mandato divino a aniquilarnos."
Las palabras del anarquista sonaban poderosas, aunque fuera llevado a la Muerte Definitiva en el siglo 18. Elias de la Torre cerró el texto manuscrito en sus manos, alejandolo de si al tiempo que su nueva pupila se aproximaba. Dispuso los instrumentos rituales sobre la mesa, y llendo irecto al grano, solicito permiso para iniciar los canticos apropiados. Su entonacion, su latín, sus gestos, su solemnidad.... tal vez era mucho mas disciplinada que el mismo de la Torre. Tomo la daga ritual, y en un preciso movimiento abrio la vena en la muñeca de su maestro. Murmurando el cantico, bebio del caliz hasta vaciarlo, entregandose al extasis de la sangre. El pacto y compromiso quedaba asi sellado. Para su horror, Tania se dio cuenta del precio que acababa de pagar cuando de la Torre la obligo, usando el poder de la sangre, a revelar los secretos que le habia sido prohibido divulgar.
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El proposito de Amanda Carmin se vislumbraba mas cristalino con el apoyo invaluable de Antonio Mijares y Esperanza Villaseñor. Se reunian esa noche en secreto, en el Hostal de la Monja, un edificio con mucha historia en el principado, segun Amanda les relataba. Pero su historia fue interrumpida por una presencia inesperada. Un hombre maduro, cubierto de sangre, que habia participado hacia poco en una riña. Amanda lo reconocio como Lever Ligalus, un ancilla de la linea de Toreador. Estaba ahi para proferir una funesta advertencia: la Muerte se cernia sobre los presentes, y era inminente que tomaran las precauciones debidas. El visitante desaparecio en medio de la noche, y Amanda se marcho en su pos.
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La amenaza pesaba sobre los hombros de Esperanza Villaseñor. Bajo su techo y con su invitacion, Quiezel Selever y Elias de la Torre se encontraron con ella para discutir la advertencia, mientras Mijares se encontraba de nuevo con Ligalus despues de Hamlet, en el Eliseo. Su consejo fue igual de enigmatico que su advertencia la noche anterior: no confiar en los antiguos, y jugar la Jyhad como si fuera un experto en ella. "Hacer lo que se tiene que hacer", en palabras de Maquiavelo. Aprovechar la adversidad para obtener el mayor beneficio posible. David contra Goliat.
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Ralph, el joven Extranjero, decidio completar el trabajo que el misterioso Lucas le habia asignado en las mas extrañas de las circunstancias. Dirigio sus pasos, sintiendose vigilado, hacia el Luxury, para averiguar mas acerca de Arellano. Pero descuido la mascara de humano que debia llevar. No estaba acostumbrado a desenvolverse entre la gente, mucho menos a hacerse pasar por un ser humano. Nunca antes habia tenido la necesidad, despues de todo. La palidez de su piel, la frialdad de su carne, lo deltaron ante su huesped, y la hermosa fachada que debia proteger a toda cosa, la Mascarada vampirica, se tambaleo a su alrededor. Tuvo que huir en medio de una multitud confusa primero y violenta despues, y esconderse hasta que las cosas se calmaran.
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De la Torre no es un hombre para el que la palabra descanso tuviera importancia. A poco tiempo del amanecer, analizaba con cuidado la Anatomia Plantae, escrita en el medievo por un alquimista inciado en los principios hermeticos que eran ahora su unica fé. El volumen en cuestion le habia sido entregado por un prodigio en la taumaturgia, segun los rumores, de nombre Ahmed. Sus dedos se detuvieron sobre una lamina ilustrada con sumo cuidado. Una flor, en espiga, que de acuerdo al texto se iria tornando en un tono entre el rojo y el purupura conforme se secara. La misma flor que habia sido entregada a Arellano un par de noches atras. Un amaranto.
La misma flor que se entregaba al rival cuando se le anunciaba que su sangre y su alma serian devorados.
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